Atardecer en el Zambezi

Navegando al atardecer por el río Zambezi entre Zimbabwe y Zambia.

Justo cuando el sol cae (o se levanta), los paisajes se transforman. El caleidoscopio de colores y formas adquiere tintes mágicos casi en cualquier punto del planeta.

El hotel, en el pequeño pueblo de Victoria Falls, justo al lado del río, tenía pequeños muros electrificados y con guardas cada pocas decenas de metros para controlar a los animales salvajes que pululan por sus aguas. Al amanecer fue un poco frustrante que me impidieran alcanzar la orilla para hacer algunas fotos. La palabra clave era siempre la misma: “por su seguridad”. Así que por la tarde, al embarcar en el crucero por el Zambezi, ya muy cerca de las cataratas Victoria (que no podíamos ver, pero sí contemplar la cortina de agua pulverizada que se levantaba en el salto), supuso un desquite y una alegría.

Éramos un par de grupos de unas 20 personas cada uno. Sirvieron comida y bebida (demasiada) y pudimos observar bastantes animales y pájaros. Había un gran ambiente. Cuando el sol empezó a bajar, los cielos se tiñeron de rojo y la gente se quedo absorta, en silencio. Disfrutando de ese momento único de forma muy privada y a la vez en comunidad. En esos momentos es como si presionaran un botón y la gente quedara paralizada. Algo que puedes observar en muchísimos lugares. La gente se reúne, habla bajito pero enmudecen cuando el sol está a punto de desaparecer. Una ceremonia casi mágica que perdura, imagino desde los albores de nuestra existencia como especie. Pienso en nuestros ancestros cuando aún no entendían este mundo, y veían asomar las primeras luces del alba o la inseguridad que les entraba al ver desaparecer la luz y el calor del sol.

Los mejores, si el tiempo acompaña,  son siempre a poca altitud, desde la costa,  islas  o a mucha altura desde las cumbres de las montañas. En algunos lugares, auténticas muchedumbres (muchos turistas que desean compartir ese momento mágico) se reúnen, se quedan quietos, mudos, se relajan y dejan transcurrir esos preciosos minutos como si fuera el momento más extraordinario de sus vidas.

Y lo son. Momentos de introspección absoluta.

Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Febrero de 2026

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Bebé


La cría de elefante no tenía ningún miedo. Al parecer la manada, que estaba fuera del objetivo, justo entre mi cámara y el bebé, tampoco. Están más que acostumbrados, en el parque Kruger, a nuestras visitas curiosas y saben que no representamos ningún peligro. Recuerdo que en Namibia estuvimos viendo cómo un macho solitario estaba bebiendo en un estanque y nos acercamos a tomar fotos. En un momento dado, supongo que ya satisfecho, el macho echó a andar con parsimonia hacia nosotros. El conductor no lo dudó ni un instante, tenía el motor en marcha, retrocedió con rapidez, dio la vuelta y se alejó. Con las manadas de hembras incluso nos hemos dejado acariciar con sus trompas, cuando nos hemos colocado justo en medio de su camino.
No hay palabras para expresar las emociones que te embargan en esos momentos.

Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Febrero de 2026

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Bosque ancestral


Bosque Ancestral. Nerpio (Albacete). Bosque Mitago es una novela de Robert Holdstock publicada en Reino Unido en 1984. Narra la historia de Steven Huxley, quien se adentra en el bosque de Ryhope para encontrar a su hermano desaparecido y descubre que allí las criaturas y personajes míticos emergen de las leyendas colectivas. En aquellos tiempos yo era aún, felizmente,  bastante impresionable y esa novela, ganadora del Premio Mundial de Fantasía, descubrió el lado oscuro de los bosques ancestrales. Yo había tenido una infancia muy pegada a los bosques catalanes y andorranos; explorarlos bajo ese nuevo punto de vista colonizó mi mente, revelándome nuevas formas de pensar. Estas Navidades (2025), visité un pequeño pueblo de Albacete, Nerpio. El 24, Nochebuena, recorrimos con la familia la Ruta del Zarzalar. El sendero atraviesa un entorno de paredes calizas y vegetación ribereña,  con pasarelas, puentes y tramos junto al agua que, en algunos puntos, hizo que temiera por mi cámara (había que agarrarse muy bien a las cadenas que te ayudaban a atravesar los puntos más complicados del trayecto). En total, unas tres horas de recorrido. La ruta me regaló algunos momentos inolvidables. Un momento en que me retrasé (de los muchos que me quedaba atrás haciendo fotos), fue este. A pesar de haberla leído hace más de cuarenta años, la novela volvió a mí de forma diáfana, casi una epifanía. Me proporcionó unos segundos de déjà vu. Me imaginé adentrándome en el bosque de Ryhope y viviendo intensas aventuras.

¡Nunca sabes las sorpresas con las que te encontrarás!

Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Enero de 2026

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Nubes como algodón de azúcar

publicado en: Photos, Reflexiones | 0


Sobre el bosque la nube se retorcía sobre si misma. Onírica, mágica, se engarzaba creando un paisaje sorprendente y misterioso.


Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Enero de 2026

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