
Hasta que no los vi al atardecer no me di cuenta de que los había olvidado. Los tranvías son hermosos cuando se iluminan. Ya no los recordaba de mis tiempos en Barcelona. Son como islas de realidad alternativa que pasan frente a tus ojos y se desvanecen cuando aún tu retina no ha sido capaz de retener esa historia en forma de lienzo inacabado. Cientos de anécdotas se agolpan en la puerta empujando y la sonrisa es un perfume casi embriagador.
Cuando pensé en visitar la ciudad, me propuse sacar algunas imágenes de ellos. En Barcelona, mi ciudad natal, había montado en ellos innumerables veces, pero de pequeño, así que esos cacharros eran, para mí, algo cotidiano y jamás me llamaron la atención.
El reto es encontrar composiciones de algo que millones de turistas y lugareños han fotografiado hasta la saciedad. Como dice Tino Soriano (@tinosoriano): siempre encuentro temas cuando paseo por el lago de Banyoles a pesar de conocerlo en profundidad.
Así que ni siquiera pensé en el desafío, simplemente me propuse disfrutar intentando encontrar algo que me gustara sin pensar en la cantidad de gente que lo había hecho con anterioridad.
Ahora revisando veo que hay algunas fotos interesantes que merecen ser procesadas y mostradas. Así que en los próximos tiempos verán algunos de esos deliciosos armatostes circulando por las calles de mi Instagram.
Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Mayo de 2026
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