El bostezo

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Fueron dos días intensos. Eran los que faltaban en la lista, de los cinco grandes animales solo me faltaban los leones. Había visto ya las deliciosa jirafas. Elegantes y curiosas. Rinocerontes, pesados y esquivos. Los guepardos y leopardos, una delicia para los ojos, puro músculo y los únicos e increíbles elefantes, el animal con el que más y mejor me identifique. Los encuentro asombrosos tanto los machos aislados como las manadas de hembras con sus crías. Así que los leones fueron la guinda del pastel. Los vi en pareja, paseando, durmiendo o dedicándose a sus quehaceres habituales (aparearse). Vi grupos de leonas moviéndose de forma coordinada. Tanto de día como de noche.

Fue algo parecido a cuando puedes contemplar una manada de tiburones moviéndose con una enorme delicadeza a tu alrededor. No hay nada parecido a esa sensación. Estas alerta, pero tranquilo. Sin hacer movimientos extraños. Confías que las cosas se mantendrán dentro de los límites habituales, pero nadie te asegura que cualquiera de esos animales se desmadre y le apetezca un bocado extra.

Durante esos minutos estas disfrutando de una visión, de una situación que nunca olvidarás. Tu retina mantendrá la foto fija de esa mirada, de esas fauces abiertas, de esos colmillos.

Ya puedo tachar de la lista uno más de mis sueños hechos realidad.

Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Agosto de 2025

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