
Nos quedamos mirando. Apenas quedaba sol para iluminar la escena y, de hecho, las imágenes me quedaron levemente sub expuestas. Algo que hago mucho más a menudo de lo que se imaginan. Así, las altas luces puede que no queden muy quemadas y a la vez siempre puedo rascar algo de información de las partes oscuras.
El ñu me vigilaba, evaluando el posible peligro. Yo no quería moverme para que no dejará de observarme y allí nos quedamos rodeados de los últimos y cálidos rayos de sol.
En silencio. Todo el grupo de seis. Solo percibía el leve ruido de las cámaras al disparar.
Me preguntaba qué le debía pasar por la cabeza. Por una parte, sabía que estaba acostumbrado a ver los jeeps y sus pasajeros todos los días. Así que muy asustado no debía de estar. Aparentaba estar bastante relajado.
La magia se rompió. Se giró y desapareció siguiendo al grupo.
Yo me quedé colgado de esos enormes ojos brillando, transmitiendo sin palabras muchas emociones. Mundos paralelos donde de vez en cuando nos susurramos cálidos pensamientos. Secretos compartidos que se desvanecen segundos después.
Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Agosto de 2025
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