
Navegando al atardecer por el río Zambezi entre Zimbabwe y Zambia.
Justo cuando el sol cae (o se levanta), los paisajes se transforman. El caleidoscopio de colores y formas adquiere tintes mágicos casi en cualquier punto del planeta.
El hotel, en el pequeño pueblo de Victoria Falls, justo al lado del río, tenía pequeños muros electrificados y con guardas cada pocas decenas de metros para controlar a los animales salvajes que pululan por sus aguas. Al amanecer fue un poco frustrante que me impidieran alcanzar la orilla para hacer algunas fotos. La palabra clave era siempre la misma: “por su seguridad”. Así que por la tarde, al embarcar en el crucero por el Zambezi, ya muy cerca de las cataratas Victoria (que no podíamos ver, pero sí contemplar la cortina de agua pulverizada que se levantaba en el salto), supuso un desquite y una alegría.
Éramos un par de grupos de unas 20 personas cada uno. Sirvieron comida y bebida (demasiada) y pudimos observar bastantes animales y pájaros. Había un gran ambiente. Cuando el sol empezó a bajar, los cielos se tiñeron de rojo y la gente se quedo absorta, en silencio. Disfrutando de ese momento único de forma muy privada y a la vez en comunidad. En esos momentos es como si presionaran un botón y la gente quedara paralizada. Algo que puedes observar en muchísimos lugares. La gente se reúne, habla bajito pero enmudecen cuando el sol está a punto de desaparecer. Una ceremonia casi mágica que perdura, imagino desde los albores de nuestra existencia como especie. Pienso en nuestros ancestros cuando aún no entendían este mundo, y veían asomar las primeras luces del alba o la inseguridad que les entraba al ver desaparecer la luz y el calor del sol.
Los mejores, si el tiempo acompaña, son siempre a poca altitud, desde la costa, islas o a mucha altura desde las cumbres de las montañas. En algunos lugares, auténticas muchedumbres (muchos turistas que desean compartir ese momento mágico) se reúnen, se quedan quietos, mudos, se relajan y dejan transcurrir esos preciosos minutos como si fuera el momento más extraordinario de sus vidas.
Y lo son. Momentos de introspección absoluta.
Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Febrero de 2026
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