
La cría de elefante no tenía ningún miedo. Al parecer la manada, que estaba fuera del objetivo, justo entre mi cámara y el bebé, tampoco. Están más que acostumbrados, en el parque Kruger, a nuestras visitas curiosas y saben que no representamos ningún peligro. Recuerdo que en Namibia estuvimos viendo cómo un macho solitario estaba bebiendo en un estanque y nos acercamos a tomar fotos. En un momento dado, supongo que ya satisfecho, el macho echó a andar con parsimonia hacia nosotros. El conductor no lo dudó ni un instante, tenía el motor en marcha, retrocedió con rapidez, dio la vuelta y se alejó. Con las manadas de hembras incluso nos hemos dejado acariciar con sus trompas, cuando nos hemos colocado justo en medio de su camino.
No hay palabras para expresar las emociones que te embargan en esos momentos.
Ⓒ texto y fotografías Ricardo de la Casa Pérez – Febrero de 2026
Puede ver esta y otras fotos en grande en mi galería de FLICKR
Puede ver esta y otras fotos en grande en mi galería de 500PX
También puede visitar mi Instagram